martes, 6 de mayo de 2014

BREVE HISTORIA DEL BOICOT A UNA MARCA, QUE FUE REALMENTE EXITOSO

 Carlos E. Lippo, Ensartao, 06/05/2014       

Allá por la segunda mitad de la década de los sesenta del siglo pasado, en plenitud de la acción represiva del segundo gobierno adeco del puntofijismo, cuando nuestra querida Universidad Central de Venezuela, heredera legítima de la Real y Pontificia Universidad de Caracas honraba de manera práctica y cabal aquel lema de “La casa que vence las sombras”, existía una marca gringa de cigarrillos de alto precio que a pesar de ello detentaba una gran popularidad en casi todos los estratos sociales y un altísimo nivel de ventas. Existía también un prestigioso locutor de televisión que fungía de imagen pública de dicha marca. Aquellos compañeros de generación que hayan llegado hasta aquí se habrán dado cuenta que me estoy refiriendo a cigarrillos “Viceroy” y a Renaldo José Ottolina Pinto (a) Renny Ottolina, que apoyado en aquella vacía y melindrosa frase: “Viceroy es clase aparte…ni hablar”, hizo un aporte significativo a la extensión del cáncer pulmonar entre nosotros, con un producto que pa´ más vaina era 100 % más caro que los similares existentes en aquel mercado (Lido, Fortuna, Royal y otros).


Para más señas, eran los duros años del gobierno de Raúl Leoni, aquel presidente de apariencia bonachona, comparada con la ruda imagen de su jefe político, el inefable Rómulo Betancourt, al que sin embargo no se le aguaba el ojo para reprimir  al movimiento popular a niveles tales que hacían parecer “juego de carritos”, las andanzas represivas de la “Seguridad Nacional” del trío Pérez Jiménez-Vallenilla-Estrada, ni tampoco le temblaba el pulso para mandar a “desaparecer” a cualquier opositor, adelantándose casi una década a los“militares gorilas” del cono sur, a los cuales en principio se atribuyó esta sofisticada, cruel e inhumana forma de represión. A este presidente, émulo maléfico de aquel personaje del cuento de Pedro Emilio Coll, le debemos el primer allanamiento de la Universidad Central en la era “democrática”, un infausto día del diciembre de 1.966, que redujo a prisión a todos los compañeros que vivían en las Residencias Universitarias, sin consideración alguna, y les robó y/o quemó todos sus enseres personales, libros incluidos, por supuesto. O sea, que la quema masiva de libros que vienen haciendo los terroristas actuales, tuvo sus antecedentes en el país, por medio del accionar de los esbirros de la Digepol y el SIFA, que actualmente son sus padres, tíos o abuelos. ¡Es el caso de decir: de tales palos, tales astillas!

El caso es que al locutor de marras, que imitando descaradamente a uno de los íconos de la televisión estadounidense de la época, de nombre Ed Sullivan, llegó a gozar de inmensísima popularidad y prestigio a través de un medio casi tan mediocre como la televisión privada actual, le dio por atacar a la UCV (estudiantes y autoridades rectorales electas) en su programa musical diario que se transmitía en horas del mediodía.Efectivamente, en medio de una escenografía que reproducía la hermosa arquitectura de sus puertas de acceso y sin duda alguna en el marco de la política gubernamental de hostigamiento a nuestra máxima casa de estudios, que remató años después en el allanamiento y cierre por más de un año, ordenado por el “académico” Doctor Caldera en 1.970, y en una limitación importante de la autonomía universitaria, dedicaba costosos minutos de televisión, pagados por sus anunciantes, ignoro si también pagado por el gobierno de turno, a denigrar al estudiantado universitario de la época acusándolo de ser comunista, como si ello fuese algún delito atroz, con una furia digna de mejor causa, por el sólo hecho de ser éste, mayoritariamente progresista y antigubernamental, rematando cada una de sus filípicas con la babosa frase de ¡Viceroy es clase aparte…  ni hablar!

La digna respuesta de la dirigencia del movimiento universitario de la época a tan despiadados e inmerecidos ataques no se hizo esperar, generándose una pequeña campaña cuyo punto fuerte fue la colocación en varios de los postes de alumbrado que rodean al recinto universitario, de grandes cajas de cartón, artísticamente diseñadas para simular la cajetilla del famoso cigarrillo, con una leyenda que, palabras más, palabras menos, decía lo siguiente: ¡No compres Viceroy… Viceroy es enemigo de la Universidad!

La respuesta del anunciante, que vio mermadas sus ventas de manera considerable, no se hizo esperar, se quejó del locutor ante la televisora y mandó a retirar del aire la ofensiva pauta publicitaria, hecho que marcó el inicio de una serie de desencuentros entre la mafia televisiva de la época y el díscolo locutor quien había venido siendo su “niño mimado”, y el ganador de todos los premios y condecoraciones, por espacio de más de una década. Conste que la marca Viceroy, que pa´ más vaina no era la que consumíamos mayoritariamente los estudiantes debido a su elevado precio, no levantó cabeza más nunca en este país de gracia, acabando por desaparecer. ¡Es por ello que sostengo que se trató de un boicot sumamente exitoso!
Sé que algunos saldrán a decir que me he “quedado” en los sesenta, que sigo siendo un “comeflores”. Eso me tiene sin cuidado. Seguiré preguntándome: ¿cómo es que si pudo lograrse tan espectacular triunfo ante quien era, para bien o para mal, el número 1 de nuestra televisión, un verdadero zar de la publicidad en Venezuela, con tan modesta organización y tan precarios recursos materiales, no podríamos emularlos nosotros, que contamos con todo un movimiento popular organizado, acerado y probado en mil batallas y con toda una batería de medios escritos y radioeléctricos, alternativos y comunitarios y una cantidad importante de redes sociales de comunicación, si es que los medios del SIBCI decidiesen no pararnos bola?

A estas alturas, no pocos de mis benevolentes lectores deben estar cayendo en cuenta de que todo este circunloquio ha sido para proponer por enésima vez que apliquemos un efectivo boicot a la Polar, por ser esta empresa y su accionista mayoritario un auténtico forajido y enemigo irreconciliable de nuestra revolución.

Obviamente, no podría tratarse en principio de un boicot total, pues sería poco menos que masoquista el dejar de comprarles las especies alimenticias que producen y que escamotean abiertamente de los anaqueles, como parte de la guerra económica que nos siguen aplicando a pesar de su participación en la Conferencia de Paz.Se trata eso sí de dejar de comprarles las cervezas, vinos, maltas, gaseosas, pasapalos y demás productos de consumo no necesario, cuya fabricación en la mayoría de los casos utiliza insumos (maíz, azúcar y leche) que deberían ser aplicados a la fabricación de alimentos, que ellos no han “desaparecido” de los anaqueles en esta oportunidad, y que pa´ más vaina pueden ser fácilmente sustituidos por productos de sus competidores, más o menos disponibles en el mercado nacional.

¡Chavista que se respete, en preservación de la dignidad que nos insufló el Comandante Chávez y en defensa de su legado, no puede seguir consumiendo una cerveza que no es cerveza, sino alcohol “saborizado” a cerveza (Polar ICE y Light), una bebida como la Pepsicola que como todos sabemos podría ser utilizada para destapar cañerías y un yogur que no es yogur, entre otras “basuras” que la empresa no ha “desaparecido” hasta ahora, por reportarle ingentes beneficios!

Para finalizar quiero hacer un llamado fraterno a todos los camaradas que tengan coincidencias con este planteamiento, en especial a aquellos que vienen escribiendo con frecuencia en éste y otros medios genuinamente revolucionarios, a promover juntos la generación de un gran movimiento popular que asuma esta campaña, que todo me indica que ha comenzado a activarse, como una tarea de primer orden. ¡Considero que avocarse a una campaña como ésta permitiría al movimiento revolucionario comenzar a hacer movimientos de carácter ofensivo que sirvan de complemento necesario a las tareas de carácter defensivo que con tanto éxito ha venido desempeñando!

Ya veremos cuál será el valor de esas empresas después que le apliquemos el boicot. De esta forma, el estado logrará pagar lo menos posible por ellas al momento de estatizarlas para ponerlas bajo el control de sus obreros.

¡Sólo el Pueblo salva al Pueblo!

¡Hasta la Victoria Siempre!
¡Patria o muerte!
¡Venceremos!

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