martes, 19 de enero de 2016

Argumentos históricos sobre la falsa Independencia de Venezuela

Euskal Herria Sozialista, 19/01/2016

Un artículo acertado, no expresa ninguna mentira, aunque muy simplista y descontextualizado, y espero que eso no lo tomes a mal.  la historia venezolana es muy compleja, las fuerzas que interactuaban hace 200 años se han mantenido vivas durante todo ese tiempo, y cada grupo político que toma el poder oculta muchos hechos al pintarlos con los colores de sus “ideologías”. La guerra de independencia venezolana no fue una gesta heroica por lograr la libertad respecto a España, en realidad fue una guerra social y racial, que ha determinado el rumbo poítico del país, manteniendo vivo el conflicto hoy (los problemas políticos de hoy se deben a eso).

Antes de empezar mi argumentación, debo aclarar que mi área de estudio es la matemática, aunque siempre he leído un poco de hitoria, pues me ha apasionado. Hago la aclaratoria por lo conflcitivo del tema. 

Ver la “Guerra a Muerte” como un genocidio contra españoles, es algo simplista, primeramente porque no muchos españoles murieron a causa de ella, ni muchos españoles pelearon en Venezuela. La independencia venezolana fue una guerra civil, con características únicas en el continente americano, y por ello la “Guerra a Muerte” solo se circunscribe al territorio venezolano. Debes entender el contexto en que este conflicto se dio, y eso es lo que voy a proceder a explicarte.
A finales del siglo XVIII y principios del XIX, la sociedad de la Capitanía General de Venezuela estaba fuertemente dividida en castas, según el origen económico y racial de las personas: Peninsulares (españoles que adminstraban en nombre del Rey), Mantuanos (élite blanca criolla con toda la riqueza, descendientes de los conquistadores,particularmente vascos y castellanos), blancos de orilla o canarios (cualquier blanco sin dinero o descendiente de españoles llegados mucho después de la conquista, particularmente de origen canario o andaluz), pardos (todos los mestizos), indios (indígenas americanos), zambos y manumisos (negros libres) y esclavos negros. Era imposible pasar de un estrato a otro, así lo hubiese querido el Rey: basta recordar que los pardos podían comprar la limpieza de sangre, algo a lo que se opusieron ferozmente los mantuanos, o que el Ayuntamiento de Caracas consideraba al padre de Francisco de Miranda indigno por sus orígenes canarios de desempeñarse como capitán de un cuerpo de milicias. Sin importar el enriquecimiento de una persona, gracias al comercio de cacao o café en la época de los borbones, si no poseía orígenes nobles, es decir, descendiente de conquistadores, seguiría siendo tratado como un simple peón, llevando a la práctica el refrán “mona aunque se vista de seda mona se queda”. Cualquiera que estuviese en la pirámide social por debajo de los mantuanos, estaba sometido a los caprichos de ellos.

Los blancos en Venezuela eran un grupo heterógeneo. Los peninsulares solo jugaban un papel administrativo y prácticamente no poseían riquezas en Venezuela, mientras los mantuanos aspiraban a enriquecerse cada vez más y veían la legislación española como un obstáculo para ello. Muchos peninsulares intentaban venir a la colonia para aprovechar sus cargos adminsitrativos, enriquecerse con ellos y volver con alguna fortuna a España, situación por lo que los mantuanos los veían como ladrones y oportunistas que deseaban llevarse los frutos de “su trabajo y sus tierras”. Además, los penisulares debían hacer cumplir la legislación españolas, pero esto era enfrentarse a la oposición mantuana. A su vez, los canarios eran un grupo de blancos recién llegados de Europa, la mayoría proveniente de Las Canarias, que aspiraban establecerse y enriquecerse en América, dedicándose en su mayoría al comercio, estableciendo pulperías en los principales puertos del país, aspiraban a poseer tierras, por lo que eran vistos por los mantuanos como competencia, además de despreciados por sus órigenes humildes. Cualquier decreto real que insinuase alguna clase de derechos en pro de la igualdad social o que impusiese regulaciones comerciales, era visto por los mantunos como algo opresivo, y no era obedecido. Las “Cedulas del Sacar”, decreto real que permitía el libre matrimonio entre pardos y blancos, fueron ocultadas a la población por el cabildo mantuano de Caracas. Cada vez que llegaba un nuevo decreto, era común en la colonia decir “se acata pero no se obedece” (aún se escucha esta frase en las oficinas gubernamentales de Venezuela). Así, los derechos de esclavos e indígenas eran ignorados, mientras el contrabando con ingleses, franceses y holandeses crecía enormemente, a pesar de los esfuerzos de la Corona a través de instituciones como la Compañía Güipuzcoana. La familia Bolívar se enriqueció gracias al contrabando, el mismo padre de Bolívar aprovechó un cargo en la aduana de La Guaira para eludir impuestos. Los mantuanos aspiraban al poder político, para poder hacer lo que ellos quisieran con lo que consideraban sus tierras.


Por otra parte, el territorio de Venezuela no estaba controlado del todo por las autoridades españolas. Grandes regiones como Los Llanos, las planices del sur del Lago de Maracaibo y la Selva Guayanesa, se mantenían bajo la influencia española, pero no bajo un estricto y directo control, con alguna que otra visita eclesiástica o militar para recordar a quién pertenecían esas tierras en un mapa. Esto permitía que muchos negros que escapaban de las haciendas de cacao huyeran a Los Llanos a formar palenques o quilombos, llamadas en Venezuela colonias de cimarrones. Los indígenas mantenían su cultura dentro de las misiones. El Llano era básicamente un territorio de ciega libertad (libertinaje, quizá), donde cualqueira podía enriquecerse gracias a la ganadería y el comercio de cuero, sin necesidad de estar atado a los preceptos sociales de los mantuanos, la autonomía de los habitantes era evidente.

Mientras tanto, los pardos, al nacer como hombres libres, se consideraban españoles por ser sus padres los conquistadores (igual que los mantuanos), pero su color de piel, heredado de sus madres, les negaba derechos en la sociedad estamental de la época, este grupo social solo aspiraba a tener los mismos derechos de los mantuanos. Los pardos eran la clase social mayoritaria, apoyaban o recibían apoyo de una casta u otra, pues al ser mestizos sus lazos sociales y familiares estaban reapartidos entre ellas, pero no poseían una identificación clara, lo cual no les permitió una mayor participación política antes de 1810, lo que les conllevaba a ser simplemente una masa usada o ausente en el conflicto.

Esa pugna social llevó a varios enfrentamientos previos anteriores a la independencia, que más allá de demostrar la animadversión a la Corona Española, demostraban un conflicto social. Entre 1748 y 1753 hubo una serie de revueltas en contra de las regulaciones comerciales impuestas por la Corona, dirigidas por el canario Juan Francisco de León, inicialmente apoyado por el cabildo mantuano de Caracas, pero que al final fue sofocada gracias al apoyo dado por los mantuanos a las autoridades españolas, pues Francisco de León congregó e torno a sí a canarios, pardos y negros. La revuelta de negros de la Sierra de Coro, en 1795, comandada por un comerciante cimarrón de nombre José Leonardo Chirinos, amenazaba el control de los mantuanos, los cuales, a pesar de las probadas diferencias hacia la Corona, recurrieron a las armas españolas para sofocar lo que podría haberse convertido en el Haití continental (el origen de la revuelta aún es la leyenda, tiene que ver con la negativa de un blanco de vender a Chirinos su esposa negra o el posible ocultamiento en el cabildo de un decreto real que otorgaba libertad a los negros).

En 1797, Pedro Gual y José María España, influidos por la Revolución Francesa y por un grupo de soldados españoles enviados como prisioneros desde la península, organizan un movimiento separatista que contó con el apoyo de muchos mantuanos hasta que se empezó a hablar de la igualdad de todas las castas y promovieran así un levantamiento de negros en Naiguatá. En 1806, las tentativas independentistas de Miranda fueron fuertemente rechazadas por los mantuanos, no por haber solicitado el apoyo inglés (como dicen los libros escolares en Venezuela), pues cuatro años después ellos harían lo mismo, sino porque Miranda era considerado un canario indigno de tal acción; en esta oportunidad la bandera mirandina y su esfinge fueron quemadas en Caracas, dando vítores al Rey.

Para 1808, la situación fue diferente. La debilidad de España era evidente y esa era la oportunidad para deslindarse del control político que ejercían las autoridades peninsulares en Venezuela, pero no necesariamente de España. Los rumores que llegaban en barcos de Europa era que las Cortes se disponían a otorgar la totalidad de derechos como españoles a los habitantes de ambos continentes (Europa y América), la abolición de los estamentos nobiliarios y la posibilidad de abolir la esclavitud, situación que cambiaría el “status quo” colonial y pone en alerta a los mantuanos. En 1810, los mantuanos acusan al Capitán General de afrancesado y se le remueve de su cargo, gracias a una maniobra de un clérigo criollo y al apoyo de los pardos en una consulta pública. El control político lo ejercerían ahora los mantuanos de más edad a través de la “Junta Conservadora de los derechos de Fernando VII”. Pero un grupo de jóvenes mantuanos y pardos, fanáticos, radicales, revoltosos y enardecidos, con una mezcla diversas de ideas políticas, exigían la autonomía política completa, conformaron un grupo llamado “Junta Patriótica”, que se reunían en una de las muchas casas de Bolívar. Lograron que Francisco de Miranda viajara desde Londres, para contar con el aopoyo de un anciano con una fama y honor intachable, alentando protestas públicas en Caracas en nombre de la igualdad y la independencia.

Así fue como lograron forzar la independencia en 1811, redactando una constitución de corte liberal que le otorgaba el control absoluto a los mantuanos y ciertos derechos a los pardos. Pero esa constitución no otorgaba a los pardos todos los derechos que aspiraban, y dejaban de lado a los indios y los negros. En el caso de los indios, les fue eliminada la propiedad comunal ancestral (protegida por la Corona) en nombre de la igualdad, ya que todos los hombres solo podían ser dueños de tierras de forma individual. Los negros, se mantenían como esclavos, mano de obra requerida en las haciendas de cacao. Miranda, por su origen canario, queda relegado del poder político y a duras penas logra participar como diputado por un pueblo remoto.

El clero, de mayoría peninsular, se opone evidentemente a la independencia, aprovecha en 1812 un hecho fortuito para declararlo castigo divino: un terremoto que devasta todas las ciudades ricas del país, precisamente las que habían declarado la independencia, ocasionando una fuerte división entre una población supersticiosa.

Las provincias de Coro, Maracaibo y Guayana se oponen a la independencia, a lo cual el Congreso de Caracas ordena una expedición punitiva al considerarlas provincias rebeldes y parte integrante de la República de Venezuela. Vale destacar que en Venezuela no había tropas españolas como tal, sino milicias organizadas. Domingo Monteverde, un canario, llega a Coro procedente de Puerto Rico con una fuerza ridícula, pero aprovecha el descontento de las clases bajas, uniendo sus fuerzas con las de los indios de la zona. Quienes se declaran en contra de la independencia son llamados realistas, y se organizan para defenderse en la Provincia de Coro. Esta aventura militar comandada por el Marqués del Toro fracasaría, lo que alentó a otros grupos sociales a tomar las armas en contra de la independencia. Así se enfrentaba un grupo de mantuanos y pardos contra otro grupo de canarios, indios, negros y pardos. Monteverde aprovecha para tomar brevemente algunas poblaciones. inicando lo que se llamo “La Reconquista”.

La primera masacre fue cometidas por los realistas, más no por los españoles, realizada por un grupo de esclavos negros de Barlovento que se rebelaba contra sus amos mantuanos y acabar con ellos en nombre del Rey. Y aquí es donde inicia la práctica de la “Guerra a Muerte”, un años antes de que fuese declarada por Simón Bolívar y Antonio Nicolás Briceño (apodado “El Diablo”), donde se observa claramente que dicha práctica no tenía una razón política, sino era un resentimiento social.

Las tropas realistas, conformadas por canarios, pardos y negros inician su ataque a la incipiente República. En Los Llanos, los negros, pardos e indios que vivían a su libre albedrío, ven la amenza que representan los patriotas de las ciudades a su estilo de vida casi nómada, y alzan las banderas realistas. En Guayana se rechaza cualquier tentativa militar patriota y empiezan a organizar expediciones al norte del Orinoco.

Solo en este momento los mantuanos acuden a Miranda, pues era un experimentado militar, logrando una pequeña victoria en Valencia. Es luego de esto que Monteverde, un canario, organiza su expedición hacia Caracas, apoyado por tropas realistas (no españolas), compuestas principalmente de canarios. Los principales cargos militares patriotas eran ocupados por mantuanos, no precimaente por su pericia militar, y la principal plaza fuerte, Puerto Cabello, que era comandada por Bolívar, cae en manos realistas. Miranda al observar el panorama, se da cuenta que todo esta perdido y capitula ante Monteverde, solicitando el perdón para los patriotas. Bolívar, junto con otros conjurados, consideran esto una traición de Miranda y ordenan su arresto en La Guaira: en uno de los episodio más oscuros de la historia venezolana, Miranda termina siendo entregado a los realistas.

Monteverde no respetó los términos de la Capitulación, ordena una persecución a los patriotas y la confiscación de sus bienes. Al estar formada la soldadesca por negros y pardos en busca de “venganza social”, se cometerían grandes abusos. Sin embargo un grupo de patriotas lograron escapar, entre ellos Bolívar que tenía un pasaporte otorgado por Monteverde, y huyeron a Nueva Granada, donde sirvieron en ejército patriota neogranadino, pero aprovecharon la oportunidad para desacatar sus órdenes e iniciar en Cúcuta la Campaña Admirable.

Bolívar dicta el Decreto de Guerra a Muerte en Trujillo en 1813, convirtiendo en legal la práctica que se estaba llevando a cabo en Venezuela desde hacía un año. Pero esta “Guerra a Muerte” no era ninguna muestra de nacionalismo o intento de crear una configuración nacional, era simplemente parte de una sociedad racista y clasista, donde explotaron todos los resentimeintos sociales. Bolívar proclamó “Españoles y Canarios, contad con la muerte aunque seáis inocentes”, refiriéndose a peninsulares y canarios, pero las fuerzas realistas eran mayoritariemnte pardos y negros, siendo estos los que morirían en mayor proporción como consecuencia del decreto. La guerra tomó una dura faceta, y a la larga, Monteverde con su reducido contingente de españoles se vio abrumado, siendo herido en batalla teniendo que salir del país. Juan Manuel Cajigal, un ofcial peninsular de Cumaná que había tenido éxito en la defensa realista de Guayana, asume el mando como Capitán General e intenta mantener de cierta forma el orden colonial, pero es desobedecido continuamente por la tropa conformada por pardos y negros.

El episodio del Castillo de la Guaira se mantiene prácticamente oculto en los libros venezolanos: Bolívar ordenó a Juan Bautista Arismendi asesinar a prisioneros y a enfermos para no gastar comida en ellos, y que lo hicera a cochillo poder ahorrar las balas. En una novela venezolana, “Lanzas Coloradas” de Uslar Pietri (recomiendo leer, pues toca este tema a fondo), el autor retrata el hecho relatando que corría un río de sangre desde el Castillo hasta el Puerto. En el Oriente Venezolano, José Francisco Vermúdez, vengando la muerte de su hermano en manos realistas, ordena la muerte de todos los soldados realistas prisioneros, por lo que se le llamó “El bárbaro”. Como nota curiosa, luego de la Primera Batalla de Carabobo, Bermúdez ordena la muerte de los oficiales españoles capturados, lo cual disgusta mucho a Bolívar, quien lo reprime públicamente acusándole de indisciplinado, a partir de este momento hubo una enemistad manifiesta entre ambos líderes patriotas. Esta acción parece paradójica, pues por un lado Bolívar ordena la muerte de militares realistas y por el otro defiende la vida de oficiales españoles.

Ante esta nueva posibilidad de un gobierno mantuano, canarios, pobres, pardos, indios y negros, toman nuevamente la bandera española (La Colorada), se organizan bajo el mando de José tomás Boves, un pulpero asturiano, rubio de ojos zules, radicado en Los Llanos, quien lanza su proclama: “¡Viva el Rey! ¡Mueran los Blancos!” Evidentemente, Boves, llamaba blancos a los mantuanos. Boves aprovechó todo el resentimiento de las clases bajas para hacerse nombrar por ellos Capitán General de Venezuela y emprender la guerra, desconociendo la autoridad de Cajigal. Boves hizo de la guerra su venganza personal, pues al principio del conflicto ofreció a la causa independentista su patrimonio y experiencia militar (sirvió en la Real Armada), pero fue desestimado por los mantuanos por su procedencia como “canario”, siendo visto como un arribista fue acusado de traidor y su pulpería fue quemada. Las acciones de Boves fueron terribles, aún hoy en Venezuela se vive bajo su sombra, cualquier estallido social es comparado con la “Legión Infernal de Boves”. Boves cuenta con el apoyo de los llaneros, y los organiza en la mayor fuerza de caballería en Venezuela, convirtiendo a los antiguos delincuentes y cuatreros de Los Llanos en sus oficiales, arrasando poblaciones enteras, repartiendo tierra entre los pardos. En Valencia, los patriotas linchan a la esposa de Boves, quien era mulata (la leyenda cuenta que asesinan a su hijo), lo que provoca su ira y ordena pasar por cuchillo a todos los patriotas y violar a sus mujeres. Estas acciones provocan la caída de la Segunda República y la huída de los patriotas hacia Los Andes o Margarita en las islas del Caribe, donde los caballos no eran amenaza (razón por la cual, hoy en Venezuela, hay más población con rasgos blancos en la zona andina). Una vez muerto Boves, otro blanco canario, Francisco Tomás Morales, toma el mando de de la “Hueste de la Muerte” y se hace proclamar jefe de los realistas, manteniendo la consigna “Mueran los blancos”.

Muchos venezolanos huyeron a Nueva Granada, que estaba sumergida en las guerras de “La Patria Boba”, y se unen a las tropas patriotas de esa nación. Una vez ahí, los venezolanos generaron temor por su modo de hacer la guerra, pues llevaron consigo las prácticas de la “Guerra a Muerte” a Nueva Granada. Bolívar se pone a la orden del gobierno de Provincias Unidas de Nueva Granada, quien le ordena a realizar una expedición punitiva contra los también independentistas de Cundinamarca. Carlos Soublette, otro militar venezolano, hace lo mismo, llevando por primera vez la “Guerra a Muerte” a Nueva Granada. A Bolívar no le hace falta emprender acción bélica alguna, solo el temor de que era venezolano hace que Bogotá se rinda. Vale la pena revisar la participación de los venezolanos en el asedio a Cartagena de Indias, ciudad donde las clases populares se mostraron a favor de la independencia (a diferencia de la mayor parte de América), donde Bolívar era el sitiador y los sitiados eran también independentistas (entre los que habían muchos venezolanos).

Es en 1815 que llega el primer contingente militar verderamente español a Venezuela, al mando del militar españolPablo Morillo, logrando someter a los patriotas de Margarita, y reúne sus fuerzas con las realistas de Morales. Morillo se muestra incialmente benévolo hacia los patriotas prisioneros, ofreciendo una amnistía al gobernador patriota de la isla, lo cual causa disgusto entre Morales y sus realistas. Morillo luego se dirige a Cartagena de Indias, ciudad a la que asedia duramente, esperando pactar con el general cartagenero Manuel del Castillo y Rada la rendición de la plaza, pero estas negociaciones son frustradas por los venezolanos al mando de Bermúdez y Mariano Montilla, que deponen a Castillo y Rada y deciden continuar con la defensa de la ciudad. Castillo y Rada es acusado de traición y puesto prisionero. Cuando la ciudad cae en manos españolas, lo patriotas la abandonan en barco pero le prohiben Castillo y Rada embarcar, siendo fusilado luego por un Consejo de Guerra español. En este segundo asedio a Cartagena, particiaparon Morales con sus fuerzas realistas procedentes de Venezuela, quienes arrasaron con cualquier poblado patriota en el camino, y al caer a ciudad degollaron a 400 inocentes en la playa.Hay que recordar, la tropa realista de Morales era compuesta por pardos y negros procedentes de Venezuela, llevando su forma de guerra a Cartagena, muy distinta al actuar de las tropas españolas.

Morillo había dejado una guarnición española en Venezuela, con el objetivo de restaurar el orden anterior a 1808, estableció tribunales con oportunidad de defensa, juzgó delitos comunes, condenó las prácticas bárbaras de la “Guerra a Muerte” y quería organizar formalmente a los realistas, preteniendo disolver las huestes indisciplinada. Pero esa era una misión casi imposible: la guerra de castas había modificado la estructura social, y al parecer ningún realista quería estar bajo un español, pues “ahora todos eran bravos”. En Venezuela imperaba la ley anárquica de los llaneros, quienes eran la fuerza que mantenía la causa española, situación que dificultaba establecer el orden. Los realistas pedían castigo a los patriotas, pero Morillo otorgaba indultos. Este hecho ocasionó divisiones entre los realistas. Aprovechando esta situación, a finales de 1815, los patriotas venezolanos, a los que Morillo otorgó perdón, se rebelaron nuevamente bajo las órdenes de Arismendi, asesinando a la guarnición española de Margarita. Esta experiencia endurece a Morillo, quien implanta en 1816 lo que se conoce como el “Regimen del Terror”. Luego de esto es que fuerzas españolas empiezan a participar en la “Guerra a Muerte”, pero con menor intensidad, pues las tropas llaneras fueron reemplazadas poco a poco por tropas de línea españolas, y sus comandantes hicieron lo posible por regularizar la guerra.

A partir de ahí cambió el curso de la guerra, pues Morillo prohibió los saqueos y el pillaje, con penas y castigos a quien desobedeciera dicha orden, siendo sustituidos muchos de los oficiales impuestos por Boves o Morales. La imposición del orden civiliado desagradó a los caudillos llaneros, que terminaron por unirse a los patriotas, por ser esta la única forma de ascender socialmente a la fuerza y según sus propios criterios. Así, el fracaso de Morillo se debe a la anarquía social en el país, siendo Venezuela y no Nueva Granada o Quito su principal dolor de cabeza. Los negros, pardos e indios buscaron otro caudillo que les permitiera actuar con autonomía, pero que no fuese mantuano, quien cumpliría ese rol sería el llanero blanco de origen humilde José Antonio Páez.

Bolívar, siendo mantuano, no logra el apoyo de las clases bajas de la sociedad, sino hasta que convence a Páez (a quien consideraba un incivilizado, salvaje y “pata en el suelo”) de unirse a su causa y someterse a su mando. Páez, quien al entrevistarse con Bolívar estaba prácticamente desnudo, queda maravillado por el uniforme del caraqueño y sus modales finos, queriendo él poseerlos. Gracias a ello, depués de 1817, la guerra fue a favor de la causa patriota, y la guerra a muerte fue dejándose a un lado poco a poco hasta el “Tratado de Armisticio y Regularización de la Guerra” firmado por Antonio José de Sucre y Morillo en 1820, principalmente porque ya no había a quien matar o a quien robar. Finalmente, Bolívar creo Colombia, se convirtió en tirano y Colombia se separó.

Y este fue el contexto de la “Guerra a Muerte”. La guerra de independencia venezolana, no fue una gesta heroica,fue una guerra civil (Bolívar habló de una guerra social, y Laureano Valenilla Lanz a principios del siglo XX la calificó de guerra civil). Las diferentes clases sociales y castas raciales lucharon entre sí por obtener el control político, reuniéndose alrededor de caudillos, y esto continuó así hasta 1903 cuando los andinos logran pacificar y unir el país. Luego de casi 100 años de derramamiento de sangre, la población venezolanoa era la socialmente menos desigual de América del Sur y más “democrática” que sus vecinos, pues el ascenso de diferentes clases sociales al poder permitieron la permiabilidad social, hoy todos los venezolanos nos consideramos mestizos. Sin embargo, el problema de la distribución de la riqueza no se resolvió, y a 200 años de aquella masacre, los fantasmas de ese conflicto se afloran cuando diversos grupos políticos pretenden levantar banderas de justicia social para acabar con otros sectores, todo en base a una política populista que pretende una igualdad socia.
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