sábado, 19 de noviembre de 2016

Ciclo político del declive atlántico

El Internacionalismo/Lotta comunista, Agosto-Septiembre de 2016
¿Qué es una línea general de la burguesía? ¿Cómo actúan los procesos políticos de la democracia imperialista en relación a dicha línea? ¿Cómo se produce la conexión entre la línea general de la gran burguesía y su base de masas en la pequeña burguesía, en los estratos intermedios y entre los asalariados?

Europa y los Estados Unidos atraviesan una fase de fuertes oscilaciones políticas, cuyas últimas manifestaciones han sido en el Reino Unido el referéndum para el Brexit, la salida de la UE, y en los EE.UU. la victoria en las primarias republicanas de Donald Trump, sobre la base de un marketing electoral nacionalista y proteccionista. La concomitancia de las fibrilaciones en Europa y en América, frente a la drástica mutación de la balanza global, sugiere ahora los rasgos de un ciclo político del declive atlántico. Esto todavía no cambia el signo general liberal del ciclo mundial, pero esta valoración estratégica tiene la necesidad de un análisis más amplio, que parta precisamente de las premisas teóricas del análisis político marxista.

En 1972, en el editorial “Imperialismo italiano y crisis mundial”, Arrigo Cervetto interpretó como una fase de «congelación» del desequilibrio italiano el gobierno de centro-derecha de Andreotti-Malagodi, en el cuadro del «contragolpe pequeñoburgués» después de la oleada de luchas salariales tradeunionistas y su reflujo en la ralentización del ciclo de 1971.

La tesis de Cervetto era que la línea reformista del gran capital en todo caso «ya había vencido», el presupuesto analítico era que las determinaciones de la política italiana provenían de la relación con los mercados mundiales, partiendo de Europa y de Alemania en particular. Frente a aquel cuadro general, Cervetto se preguntaba si entonces las oscilaciones de la pequeña burguesía no tendrían alguna influencia. La respuesta es que aquellas no podían determinar la estrategia, la línea general de los grandes grupos, pero podían pesar sobre el «compromiso contingente» entre las fracciones. Influían sobre las formas políticas en el corto plazo, no sobre las directrices del imperialismo italiano a largo plazo.

La línea general sólo puede ser de la gran burguesía, la pequeña burguesía por su naturaleza no puede tener una estrategia internacional. Algún año antes, en un apunte en relación a las tesis bordiguistas sobre el origen del fascismo aparecidas en el periódico Prometeo, Cervetto había partido de la misma premisa teórica para motivar una valoración general de las dos décadas de Mussolini. El fascismo había surgido de la rapidísima madurez imperialista alcanzada por Italia en el conflicto 1915-1918; había sido la búsqueda de una solución de expansión imperialista para los problemas de reconversión de la industria bélica:
«La demagogia fascista de la “victoria mutilada” y de la “Italia proletaria humillada” no es sólo ideología para la pequeña burguesía frustrada, no es sólo una ideología para usar contra el proletariado antinacional; más bien, y sobre todo, es la expresión ideológica, y lo será durante veinte años, del imperialismo italiano, que la usa no sólo hacia el interior sino que se propone usarla en sus luchas interimperialistas contra las otras burguesías, […] apenas pueda disponer de un Estado preparado para este objetivo».
La pequeña burguesía no podía determinar la solución fascista, era el gran capital el que aferraba y hacía suyas aquellas manifestaciones ideológicas y políticas:
«Cuando se analizan las ideologías del fascismo es necesario tener presente esta matriz concreta, porque de otro modo se corre el riesgo de ver a las ideologías separadas de la realidad (y no como falsas representaciones de la realidad, como son en realidad), de ver “ideologías pequeñoburguesas” y no saber explicar por qué siendo las ideas dominantes las de la clase dominante, las ideas dominantes eran las de una clase que no era dominante, como la pequeña burguesía. […] Ciertamente no todas las fracciones burguesas eran favorables o estaban interesadas en la solución fascista-imperialista; de hecho esto explica los momentos de lucha política. Pero en aquel momento de crisis que terminaba por golpear aunque en diverso grado a todas las fracciones, todas encontraron el momento unitario».
Por descontado, todas estas consideraciones sólo son una parte de la elaboración de Cervetto sobre el fenómeno fascista; en los textos recogidos en L’involucro político (El envoltorio político) la cuestión se unirá a las formas de la democracia imperialista. En la crisis de los años Veinte y Treinta, para Cervetto fascismo y nazismo serán las soluciones transitorias de las burguesías que intentaban a tientas las formas para la centralización política en aquella fase de crisis y parálisis, y que sólo después de la Segunda Guerra Mundial generalizarán la solución de la democracia imperialista.

Permanece el hecho de que el mismo criterio materialista, reconducir la línea general de un imperialismo a los grupos y a las fracciones del gran capital, lleva a dos conclusiones diferentes. Entre los años Sesenta y Setenta, el «contragolpe reaccionario» de la renta y de la pequeña burguesía no podía hacer descarrilar la línea reformista del gran capital. En los años Veinte, en cambio, la coalición de los grupos dominantes hizo suyas ideologías y formas políticas generadas en la pequeña burguesía desde el trastorno bélico, y dio un contenido gran-burgués a manifestaciones ideológicas nacidas pequeñoburguesas. Todo análisis materialista sólo puede partir de la observación de las formas políticas y de una producción ideológica de la que la pequeña burguesía y los estratos intelectuales son el filón inagotable. Pero lo que es dirimente para individualizar una evolución estratégica no son las ideologías, sino las fuerzas que las aferran. No obstante, también por esto un ciclo político no será nunca la pura transposición de una tendencia estratégica sino una dialéctica de desequilibrios y adecuaciones respecto a la línea de fondo de movimiento. Resolver el enigma es el campo específico de investigación para la ciencia política marxista.

Para el análisis del actual ciclo político en Europa, en los EE.UU. y también en Japón pensamos que vale el instrumento conceptual de la analogía con la elaboración de Cervetto para los años Setenta, y no con la realizada para los años Veinte y Treinta. Esto refleja sobre todo nuestra valoración del ciclo mundial, donde las contradicciones de las viejas áreas todavía encuentran espacio en el desarrollo de las nuevas áreas, y nos reenvía también a nuestro análisis de la crisis de las relaciones globales de 2008, que no ha tenido la profundidad y el carácter catastrófico de la crisis de los años Treinta. No obstante, como veremos, no se trata solo de esto.

La línea general de los grupos fundamentales en los EE.UU. y en la UE no abandona el liberalismo imperialista, la irrupción de China ha determinado una nueva fase estratégica que da nuevos caracteres a aquella línea general. Las oscilaciones de la pequeña burguesía, de los estratos intermedios y de los asalariados influyen sobre aquellos caracteres, y son empuñadas en la lucha entre grupos y fracciones para definirlos, pero no son el factor determinante del nuevo ciclo.



Con lo cual la nueva fase estratégica significa también nuevos criterios científicos. Sobre el plano de las relaciones de potencia, en la valoración de la contienda global, hemos introducido un criterio que hemos sintetizado con la imagen «Financial Times, Global Times», con la confrontación de los dos periódicos de Londres y Pekín: las relaciones entre las potencias en la nueva fase estratégica requieren ahora considerar regularmente la posición china junto a la del “consenso” atlántico. Lo mismo vale para el signo del ciclo. Frente a la crisis abierta por el Brexit, señalamos por ejemplo que Global Times ha sostenido que debe ser China la que garantice el «desarrollo de la globalización». La línea que se centraliza en Pekín tiene ahora tanto relieve como la expresada en Washington, en Bruselas, en Londres, o en Berlín y París.

Sobre el plano político, pensamos que vale el paralelismo con el análisis de Cervetto de 1972, en primer lugar por el aspecto específico de método materialista: las oscilaciones de la pequeña burguesía y de los estratos intermedios –en los Estados Unidos y en Gran Bretaña prevalecen en la actualidad ampliamente las estratificaciones de los asalariados– precisamente no pueden determinar la línea general sino sus formas.

Consideramos que el rasgo común de estas oscilaciones sobre las dos orillas del Atlántico, en los EE.UU. y en Europa, debe ser buscado en las causas sociales comunes y no sólo en los procesos imitativos favorecidos por el circuito mediático, que también existen pero son un factor añadido. Vemos estas causas comunes en el ciclo descendente de la socialdemocratización, ya preexistente, que se ha cruzado con los efectos sociales y políticos de la crisis global de 2008 y que ha acentuado los procesos. Aquel ciclo está ligado a las luchas entre las metrópolis para reducir el peso del parasitismo y de los sistema del Estado de Bienestar, o al menos para contener el peso relativo; por lo tanto, es un proceso que comienza en los años Setenta y Ochenta y se relanza en los años Noventa, y que es un rasgo del ciclo político del liberalismo imperialista. Allí se ha superpuesto los efectos sociales y políticos de la crisis global, que ha acelerado y acentuado fenómenos ya en marcha, a partir del declive relativo de los Estados Unidos, de la UE y de Japón respecto a China y otras potencias emergentes.

Por esta razón el nuevo ciclo político puede ser definido como ciclo político de la crisis de la socialdemocratización, o al menos de su fase descendente, como ciclo político del declive atlántico o también como ciclo político de la nueva fase estratégica. Se trata de ver los caracteres de este nuevo ciclo, que no abandona el signo general liberal pero lo caracteriza de forma diferente, y considerar cómo ello se relaciona con los estratos intermedios, pequeñoburgueses y asalariados, frente a oscilaciones que en Gran Bretaña han alcanzado la crisis política e institucional, en los Estados Unidos se reflejan en una campaña presidencial divisiva, y en la UE afectan de diferente manera a la mayor parte de los ciclos políticos nacionales.

Como ya se ha dicho, una cuestión teórica preliminar es la naturaleza de la línea general de una burguesía y de los procesos políticos de la democracia imperialista que permiten sintetizarla. Hace casi veinte años, encuadrando el punto de no retorno con la cual la UE se está acercando con los últimos combates por la moneda única y la federación de la zona euro, estudiamos el «poder monetario» de la futura BCE a la luz de la elaboración de Arrigo Cervetto sobre los poderes políticos de la burguesía. Marx y Engels en el estudio de las luchas política en Francia, en Inglaterra y en Alemania habían dado una organización científica a conceptos como «equilibrio de los poderes, poder político, poder gubernamental», señala Cervetto; Lenin los había aplicado a la situación rusa y «lo mismo puede y debe ser hecho en la situación actual».

Después está la síntesis de la sistematización científica de Marx, formulada en el editorial de marzo de 1978 sobre el «pluralismo del poder económico», recogido en el libro L’involucro político (El envoltorio político): «Para el marxismo existe una pluralidad de poderes económicos que se convierten en poderes políticos. El poder es tal si tiene una base real, es decir, si es una potencia económica real. El equilibrio de poderes es, por lo tanto, el equilibrio en determinadas y específicas instituciones de las voluntades políticas de las fracciones burguesas. Pluralidad de poderes económicos de los grupos capitalistas y equilibrio de sus voluntades políticas en el Estado: he aquí la forma política pura, la forma democrática, del capital social».

En otro texto, “L’ineguale sviluppo político” (“El desigual desarrollo político”), se recoge, en cambio, la reflexión específica de Cervetto sobre el «poder monetario», de abril de 1979, donde la distinción del poder monetario, la tendencia a la independencia de los bancos centrales, está motivada por el interés general para la burguesía de sustraer una función tan crucial a la influencia particular de grupos y fracciones particulares:
«En todos los países, el pluralismo de los “poderes económicos” determina un pluralismo de “poderes políticos” y un “equilibrio de poderes” de diferentes instituciones, para las que el “poder monetario” si está centralizado en un Banco nacional no es demandado, si no de forma parcial, al “poder ejecutivo”, en general al ministro del Tesoro, sino confiado al Banco central que es, así, substraído de las coyunturas políticas del Ejecutivo. La historia ha demostrado a la clase dominante que para una fracción es más fácil conquistar el Tesoro que el Banco central, y de esta experiencia ha sacado verdaderamente provecho».
La reflexión sobre la crisis catastrófica en la que ha caído el europeísmo inglés puede partir de aquí. Los creadores de la ideología dominante han sido golpeados por el resultado inesperado, y los comentarios giran en torno a la contradicción entre el mito de la «soberanía popular» y las instituciones de la «democracia representativa». The Economist se basa en la cultura política americana, envía al Federalist de Alexander Hamilton y James Madison para contestar al uso del instrumento plebiscitario sobre cuestiones de interés vital: «la democracia directa está bien para cosas que no tienen importancia». Kenneth Rogoff hace una cuestión de instrumentos jurídico-institucionales en la organización inglesa. El voto referendario con mayoría simple ha permitido elegir con «absurda facilidad» sobre una cuestión incluso más relevante que las reformas constitucionales, para las cuales normalmente en Occidente se requieren mayorías cualificadas y dobles lecturas de los parlamentos. Andre Manzella recrimina reenviando a la «norma base» del Tratado institucional europeo, según el cual, en el artículo 10, «el funcionamiento de la Unión se funda sobre la democracia representativa»: los referéndums en un país individual anulan, con efectos para todos, «las decisiones tomadas por gobiernos y parlamentos en un circuito institucional interdependiente».

La teoría marxista no se deja sorprender, porque tiene su concepción materialista de la política que escapa de la prisión del berenjenal de papel del derecho liberal. La teoría de los poderes políticos contenida en la fórmula de la «democracia imperialista» y el concepto de «formación económico-social» son herramientas fundamentales para identificar y analizar la línea general de una burguesía. En primer lugar, los grupos y las fracciones burguesas están en lucha permanente para influir sobre el Estado y sobre sus políticas; es la dialéctica de los poderes del Estado, en su conjunto y en su dinámica, para expresar la línea general.

En segundo lugar, la noción de «formación económico-social» nos dice que el conjunto de las relaciones económicas, sociales y políticas que le corresponden en la realidad viva son un todo, donde ciertamente las dinámicas económicas están determinadas, pero donde sólo sobre el plano analítico es posible distinguir entre estructura y superestructura. Si en aquella «combinación multiforme» existe aquel nexo determinante de las fuerzas económicas sobre las expresiones políticas, entonces la observación de las expresiones políticas fundamentales nos dice la línea general de una burguesía. Desde los hechos políticos clave, los poderes políticos fundamentales, se puede llegar a individualizar la línea general de una burguesía, precisamente porque en la «formación económico-social» está aquel nexo determinante entre estructura y superestructura, puesto que tratándose de un proceso y de una relación dialéctica ningún resultado esperable es posible sin un análisis concreto de la situación concreta, y sin el recorrido de la sucesión inevitable de desequilibrios y adecuaciones.

E aquí la crisis inglesa. Si el poder monetario es una cuestión tan delicada que la burguesía ha querido sustraerlo a la lucha contingente de las corrientes y de los intereses particulares de los capitalistas individuales, enviándolo a un Banco central independiente y a una dirección con un cargo más largo y diferente del mandato político, en el Bank of England está depositada, por las funciones que le competen, la línea general de los grupos y de las fracciones del imperialismo británico. Siempre serán posibles fases de desequilibrio y de no correspondencia, pero normalmente el BoE tiene aquella potestad y aquella función: si el gobernador Mark Carney se ha pronunciado a favor del Remain, la permanencia en la UE, este es un elemento seguro para individualizar la línea general británica.

No obstante, a partir de la teoría de la democracia imperialista sabemos que debe considerarse la pluralidad de los poderes. Sólo la dialéctica de la pluralidad de los poderes, con su arquitectura de controles y contrapesos, permite centralizar la pluralidad de las voluntades políticas de los grupos dominantes. En el equilibrio de los poderes está la garantía de que ninguna fracción ni ningún grupo prevalezcan unilateralmente, en la centralización del Ejecutivo está la vía para que aquellos empujes plurales no se anulen mutuamente sino que sean reconducidos a la acción política: es el sentido de la «centralización pluralista» en la democracia imperialista. El hecho de que el Ejecutivo británico, en la figura del primer ministro David Cameron y de todos los ministros clave, estuviesen a favor de la permanencia en la UE, y que había señalado como un error fatal haberla sometido a referéndum, es otra confirmación de que en el Remain se encarnaba la línea general.

Respecto a los Comunes, el parlamento británico, la aplastante mayoría estaba a favor del Remain: 185 a 138 entre los conservadores del partido Tory, 218 a 10 entre los laboristas, la totalidad de los diputados por los nacionalistas escoceses y liberal-demócratas. Con todas las cautelas necesarias, debido a la crónica crisis del parlamentarismo que es un rasgo histórico de todas las metrópolis, esto expresa en todo caso la relación existente, sobre el territorio de los colegios electorales uninominales, con los medios de comunicación y los pequeños capitales de la burguesía británica.

Con lo cual el poder monetario, el poder ejecutivo y el poder legislativo individualizan sin ambigüedades la elección estratégica del Remain; respecto al poder judicial, se verá, si Escocia denuncia la legitimidad de la decisión del Leave frente al Tribunal Supremo del Reino Unido. La primera conclusión es esta: el resultado del referéndum por el Brexit aparece como una manifestación aguda de desequilibrio político que hace prever un movimiento de oscilación en dirección opuesta. Si este es el dato preliminar del caso británico se trata de ver las implicaciones políticas, económicas, sociales y también estratégicas, pero incluso esto acerca la crisis inglesa al ciclo global del declive atlántico.

Lotta comunista, julio-agosto de 2016.
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