domingo, 29 de mayo de 2011

El latifundismo mediático

Attilio Folliero, Caracas 24/01/2010 - Traduzione allo spagnolo 29/05/2011

Articolo in Italiano



En Italia, desde que el señor Silvio Berlusconi decidió dedicarse a la política, en 1994, se habla de conflicto de intereses. En realidad el problema es otro: el latifundismo que existe en el sector de las informaciones. Hablar del conflicto de intereses sólo sirve para desviar la opinión pública del verdadero problema.

Latifundio, del latín latus, que significa amplio y fundus poder, es un término que se refiere específicamente al sector agrícola, para indicar un terreno de grandes dimensiones. El latifundio es un sistema típico del antiguo régimen que en Europa se fue superando progresivamente entre los siglos XVIII y XIX, gracias a la difusión del capitalismo. Sin embargo, el latifundismo persistió en las zonas periféricas y más atrasadas de Europa, como en Italia, hasta la mitad del siglo XX. En efecto, poco después de la segunda guerra mundial, en Italia el sistema feudal estaba difundido de tal manera que, por ejemplo, la familia Torlonia en la Piana del Fucino, poseía extensiones de terreno de 140 Km²; o, en Sicilia, la quinta parte de todos los terrenos agrícolas, estaban en manos de menos de 300 latifundistas (1).

Con la reforma agraria de 1950, el latifundismo fue abolido y también en Italia se promulgó una norma que prohibía a una persona acumular terrenos agrícolas de más de 300 hectáreas, equivalentes a 3 Km cuadrados (2).

Tales términos utilizados por el sector agrícola, cayeron progresivamente en desuso. Pero hoy, el término latifundio debe ser reconsiderado y aplicado en otro sector, o sea al de las informaciones, sector prioritario en la sociedad actual, como lo era el sector agrícola en la sociedad preindustrial.

En el sistema actual, las informaciones son una función primaria, no menos importante de alguna vez desempeñara la agricultura. Desgraciadamente, sobre todo en las áreas periféricas de Europa, donde estuvo una vez Italia, en el sector de las informaciones, existen grandes latifundismos, llegando al límite de que una sola persona, o si se quiere, una sola familia, o una sola empresa; centraliza grandes extensiones, no de terreno sino de frecuencias televisivas, radiofónicas, medios de información y actividades relacionadas, como la recolección publicitaria. Obviamente, nos referimos específicamente al señor Berlusconi, que no por casualidad también es jefe del Gobierno italiano.

La cuestión no va enfocada simplemente en relación al problema del conflicto de intereses, siendo Berlusconi el susodicho propietario de medios informativos, sobre todo televisivos, y al mismo tiempo jefe de gobierno.

La cuestión es más compleja de lo que parece. Si se lograra resolver el problema del conflicto de intereses, por ejemplo prohibiendo a un propietario de medios de información incursionar en la política (ésta es solamente una hipótesis que bien podría ser aplicada) permanecería el problema del latifundio en el sector de las informaciones. O sea que el verdadero problema a resolver, no es el conflicto de intereses que emerge cuando un propietario de medios informativos incursiona en la política. El verdadero problema se debe al hecho de que una persona tenga en su poder grandes propiedades de medios informativos, convirtiéndose en un latifundista de la información.

Aparte de la ilegalidad de que un latifundista de la información se vuelva jefe de gobierno, cosa que sólo puede pasar en un país atrasado y periférico como Italia, la verdadera cuestión a resolver sigue siendo el latifundismo, sistema que debe ser exterminado urgentemente, por el bien de Italia. No es posible que un señor Berlusconi sea dueño de la televisión nacional, además de una infinidad de actividades relacionadas con el mundo de la información y de la cultura (diarios, periódicos, agencias de publicidad, telefonía, producción y distribución de películas…)

Ahora bien, antes del problema del conflicto de intereses entre propietarios de medios de información y la actividad política, hay que afrontar el problema del latifundismo, o sea (y repetimos) impedir que una persona, o una familia, o una empresa concentre para sí grandes propiedades en el sector de las informaciones.

Para impedir el latifundismo en el sector informativo, hablando de un punto de vista práctico, ante todo se deben establecer cuotas bien precisas, o sea donde si se puede llegar a ser propietario, pero exactamente como si se hiciera para el sector agrícola, donde se prohíbe poseer extensiones de terreno superiores a 300 hectáreas, más allá de esos límites será considerado latifundista.

Sería, antes que todo útil, prever una división equitativa al 33% entre los sectores público, privado y local. O sea, pensamos que sería una buena norma que, por ejemplo, la frecuencia televisiva (esta norma valdría para cualquier otro sector de los diarios, los periódicos, las agencias publicitarias, etc.) sean igualmente divididas en tres partes, reservando un tercio al Estado, un tercio a los privados que operan a nivel nacional y un tercio a los privados que operan a nivel comunitario; entendiendo por comunitario los que operan a nivel de una comunidad restringida, como un barrio, una comuna, una provincia, una región. A lo sumo, este tipo de propiedad no debería ir más allá de un cierto número de regiones, por ejemplo dos. Esta es solamente una idea que bien podría adaptarse a otros criterios, como a los poblacionales; por ejemplo, una TV local se considera como tal si alcanza hasta un décimo (6 millones) de la población total de Italia; así el límite del ejemplo (más de las dos regiones o más de los 6 millones de habitantes) entrará en aquel tercio de los operadores privados a nivel nacional.

Una vez establecido el criterio de reservar un tercio al Estado, un tercio a los privados que operan a nivel nacional y un tercio a los privados que operan a nivel comunitario; es necesario establecer otra regla importante: un operador privado no debería poder invadir en sectores diferentes, como la TV y revistas; si opera en el sector de la TV, no puede invadir o participar en la prensa cotidiana o periódicos.

Paralelamente es fundamental regular también el sector de la industria publicitaria, impidiendo que una sola agencia publicitaria realice más de un cierto número de operaciones a nivel nacional y/o local; por ejemplo, se podría establecer que una agencia pueda publicitar para dos operadores nacionales (por ejemplo, una televisora y un periódico nacional) y un cierto número de operaciones locales.

Sólo impidiendo que también en estos sectores se cree el latifundismo, se puede garantizar el pluralismo en las informaciones. De lo contrario, de nada sirve establecer reglas para impedir la concentración de la propiedad de los medios informativos en una sola persona, si al final todos los operadores pueden recurrir a una sola agencia para hacer uso de los espacios publicitarios: esto se podría fácilmente condicionar o establecer en la política editorial.

Una última anotación respecto a las frecuencias, bien público y limitado: el propietario de tales bienes limitados, las frecuencias, sea Radiofónica, televisiva, telefónica es y sigue siendo el Estado y las concesiones que deben estar estipuladas mediante contrato a tiempo determinado, renovable, pero que no pueden ir más allá de una cierta duración, por ejemplo, cinco, diez o veinte años. Para consentir la pluralidad, no es posible hacer concesiones vitalicias. Al caducar el contrato, si no hay necesidad de una nueva intervención del Estado, la concesión se puede renovar, siempre y cuando sean respetadas las reglas; una concesión deberá siempre poder ser revocada, obviamente no de manera arbitraria, excepto en el caso de violaciones sde reglas o de principios establecidos.

Nos gustaría saber cuando caducan las concesiones del canal 5 y de todas las otras televisoras y radios nacionales y locales, o si es que son concesiones vitalicias. Donde están los contratos? Sobre cuáles bases se han estipulado esos contratos? Las frecuencias son en cualquier parte un bien público inalienable, por lo tanto no pueden existir concesiones vitalicias. Cuándo caducan los contratos de concesión de uso de las frecuencias de las frecuencias al señor Berlusconi y de todas las otras televisoras y radios nacionales y locales?

En conclusión, el verdadero problema no es el conflicto de intereses entre los propietarios de los medios de información y el desempeño de la actividad política, problema que ocurre solamente porque existe el latifundismo en el sector de las informaciones. Si no hubiera latifundismo, incluso no existiera el problema del conflicto de intereses. Un operador del sector de la información, aunque sea propietario de un medio informativo a nivel nacional, no influiría completamente en el sector de la información si operase en conjunto con otros tantos actores; no representaría entonces un peligro para la manipulación de la información y entonces no se presentaría el problema del conflicto de intereses. Es entonces inapropiado hablar de conflicto de intereses y solución de ese problema. El verdadero problema es superar el latifundismo existente en Italia en el sector de las informaciones. Sólo impidiendo el latifundismo, es posible asegurar una cierta pluralidad de las informaciones.

Note
(1) Fonte: wikipedia, Url: http://it.wikipedia.org/wiki/Latifondismo

(2) Fonte: "Studi sul Mezzogiorno repubblicano: storia politica ed analisi" di Luca Bussotti, Rubbettino Editore Srl, 2003, 
Pag 108. 

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