Allá por la segunda mitad de la década de los sesenta del siglo pasado, en plenitud de la acción represiva del segundo gobierno adeco del puntofijismo, cuando nuestra querida Universidad Central de Venezuela, heredera legítima de la Real y Pontificia Universidad de Caracas honraba de manera práctica y cabal aquel lema de “La casa que vence las sombras”, existía una marca gringa de cigarrillos de alto precio que a pesar de ello detentaba una gran popularidad en casi todos los estratos sociales y un altísimo nivel de ventas. Existía también un prestigioso locutor de televisión que fungía de imagen pública de dicha marca. Aquellos compañeros de generación que hayan llegado hasta aquí se habrán dado cuenta que me estoy refiriendo a cigarrillos “Viceroy” y a Renaldo José Ottolina Pinto (a) Renny Ottolina, que apoyado en aquella vacía y melindrosa frase: “Viceroy es clase aparte…ni hablar”, hizo un aporte significativo a la extensión del cáncer pulmonar entre nosotros, con un producto que pa´ más vaina era 100 % más caro que los similares existentes en aquel mercado (Lido, Fortuna, Royal y otros).
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martes, 6 de mayo de 2014
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